Poner precio a ojo, mirando lo que cobra la competencia, es la forma más habitual de perder dinero sin darse cuenta. El escandallo es simplemente sumar lo que de verdad cuesta un servicio antes de decidir cuánto cobrar por él.
1. Los insumos, con su coste real
No es solo el esmalte del color final. Es todo lo que se gasta durante el servicio y nunca aparece en el ticket: limas, algodón, quitaesmalte, tratamiento previo, guantes, toallitas.
Suma todo, no solo "lo caro". Los consumibles pequeños son los que se comen el margen precisamente porque nadie los cuenta.
2. Tu tiempo, con un valor de verdad
Aquí está el error más caro: no contar el propio tiempo, o contarlo "gratis" porque lo hace una misma. Tu tiempo es el recurso más limitado del salón y tiene un precio.
Decide cuánto vale una hora de tu trabajo (o el de tu empleada) y aplícalo a los minutos reales del servicio: incluidos la preparación, la limpieza del puesto y el tiempo entre clientas que ese servicio te obliga a reservar.
3. El coste de tener el salón abierto (aunque no lo notes en el momento)
Alquiler, luz, seguros, suscripciones. Reparte ese total entre las horas que trabajas al mes y tendrás un coste por hora de estructura. Cada servicio se lleva una pequeña parte de ese coste, aunque no se vea en el momento de cobrarlo.
Un ejemplo con números
Manicura semipermanente a 25 €:
- Insumos: 3,10 €
- Tiempo (60 minutos a tu precio por hora): 9,50 €
- Coste de estructura: 4,20 €
- Coste total: 16,80 €
- Margen real: 8,20 € (33 %)
Ese 33 % es lo que de verdad te queda, no los 25 € que ves en el TPV.
Una vez que escandallas un servicio, se queda calculado — puedes repetir la cuenta cada vez que suban los precios de los productos o decidas subir tu propio precio por hora, y ver al momento cómo cambia el margen.
